Lamento no tener imagen hoy. Es difícil acceder a ellas desde el corredor de la muerte.
Hoy van a ejecutarme.
Toda mi vida luché por demostrar que no era un monstruo, que no me inventaba las cosas y desde luego que no las provocaba... Para que ahora ser una cabeza de turco. ¿Mi crimen? El conocimiento.
Me da igual lo que digan de mí a partir de ahora, sé que esto no será leído por muchos pero es mi única oportunidad para resarcirme y para que mi nombre no quede ensuciado para siempre.
No soy una asesina. Yo no hice las atrocidades que se me imputan... sólo las contemplé.
Cuando salí de Nakamichi, mi familia me prometió que todo iría bien; que si nadie me conocía tampoco nadie podría temerme. Yo obedecí todas las directrices que mi tío, en su infinita e insuficiente sabiduría, me proporcionó. Pero bueno, supongo que es lo propio. En todos los buenos relatos es al final una marabunta descontrolada de paletos con antorchas quienes acaban ejecutando al monstruo.
Lástima que esta vez la marabunta sea de abogados deficientes y jueces con más pereza que sentido común. ¿Y el monstruo? Una chica de 19 años.
Lo más triste de todo es que tenían la llave de la verdad. Ésa llave que tantos otros habrían aprovechado para llegar al fondo de la cuestión y que éstos han preferido arrojar al mar desde un avión. Pero sé que esto no quedará así. No puede quedar así.
Los asesinatos continuarán tras mi muerte, simplemente porque no soy yo quien los comete. La brutalidad continuará aumentando en el particular circo de horrores que los responsables de estas muertes están celebrando a mi costa... Pero al final de la partida todos volvemos al mismo cajón, seas peón, rey o torre tu destino está sellado.
Estáis arrebatándole la vida a alguien que quiere vivirla. A la única persona que conoce la muerte desde niña y que, aún así, sabe descubrir los hermosos tintes de luz que un amanecer le confiere a una montaña. El tacto suave, como el de un amante que ya no tendré, de una fina lluvia purificadora.
Hoy, más que nunca, quiero creer en Dios. Quiero creer en la posibilidad de que exista realmente un Juez. Alguien que sea capaz de observar el mal y esté dispuesto a luchar contra él para salvar a los que vivimos día a día bajo el yugo de alguno de sus esbirros.
Y a vosotros, asesinos. Vosotros que sois los responsables primeros de mi muerte y de la de tantos otros os deseo la más solitaria de las existencias. Que mi alma no descanse hasta que cada uno de vosotros haya recibido su justo castigo...
Me llaman. He de irme. Supongo que es demasiado tarde para advertir sobre lo que está por llegar. Las sonrisas no salen de mi cabeza y jamás me había ocurrido algo así. ¿Pero qué credibilidad tiene un monstruo que está a punto de morir?
Anathema