Sonrisas en el avión. Sonrisas también en algunas de las personas del aeropuerto... pero definitivamente aquí las cosas son diferentes. Tokyo es una ciudad enorme, una ciudad donde el asesinato o el suicidio gozan del anonimato más ignominioso y perfecto.
Últimamente pienso mucho en mi padre. Cuando voy a ver a Hiroshi siempre insiste en hablar de él. ¿Qué tendrán los psicólogos con la infancia? No todo se resuelve con sexo o ausencia de él. No todos partimos de la salida que las frustraciones de nuestros padres nos impusieron. Él por su lado y yo por el mío, fin del drama.
Una familia entera ensangrentada, cristales por toda la cara y el niño pequeño con el cráneo hundido sobre la frente. Son felices, imprudentes, pero felices.
Apenas llevo dos horas en casa y ya he oído sobre tres asesinatos más. El mundo se va a la mierda y nadie parece querer hacer nada por remediarlo. Esas sonrisas...
Llaman a la puerta, creo que ya he escrito suficiente por hoy...
Anathema

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